Es verdad que formalmente son dos palabras muy parecidas, y antiguas las dos, pero tienen significados muy diferentes. La P y la G suave las hacen en ciertos aspectos opuestas, de acción externa e interna respectivamente, pues una se pronuncia expulsando el sonido desde la parte más exterior de los labios y la otra es una de las más profundas, más guturales.
Vayamos por partes. En la entrada de TRAMPA, Corominas, para trápala, dice verla escrita por primera vez en el año 1495, con el significado de ‘estruendo’, propiamente el causado por el pisoteo de una multitud. Pero en la entrada TRAPISONDA, la cita también de esta manera: ‘bulla’ y ‘riña’, ‘embrollo’, ‘enredo’. Del nombre del Imperio de Trapisonda (ciudad de Asia Menor) muy sonado en los libros de Caballerías y el Quijote, que gracias al ambiente de esos libros y por su aparente relación con trápala y trapaza tomó sus acepciones actuales.
O sea, primero fue ruido, follón causado por agitación de las gentes, como expresa Lope de Vega en La Dragontea:
Y en confuso escuadrón, trápala, y bullaA un lado le enterraron de la plaza.
...y luego fue trampa, embuste, como la utiliza Menéndez Pelayo en su Historia de los heterodoxos españoles:
... pandilla de materialistas y ateos de escalera abajo, que, sin gran fatiga, lo explicaban todo por impostura, trápala y embrollo.
Es curioso lo del ruido del ‘pisoteo’ que puede hacer la gente alterada e inquieta, como vimos antes, porque también la repetición de "trápala" imita el sonido rítmico y veloz de unos cascos golpeando el suelo (y por tanto el clamor de una batalla).
En El hospital de los locos, escribe José de Valdivieso (1565-1638):
Que por vos, la mi señora,la cara de plata,correré yo mi caballo,a la trápala, trápala, trápala.
Trápala, por cierto, también formaba parte del estribillo de una tonadilla muy popular desde 1780:
Trípili trípili trápalaque esta tirana se canta y se bailaanda chiquilladale con graciaque me robas el alma.
La tirana era un género musical popular.
En cuanto a trágala, es un sustantivo masculino, compuesto a partir de la segunda persona del imperativo del verbo tragar. Un trágala, el trágala... Un imperativo muy imperativo, hay que decir; incluso violento, pues supone obligar a alguien a deglutir algo aunque no quiera. Y metafóricamente a aceptar o soportar algo a la fuerza. Ese algo es un trágala, es decir, un trago amargo.
Originariamente el ‘la’ de trágala era la Constitución de Cádiz, y el primero al que obligaron a tragársela fue al nefasto rey Fernando VII en 1820: el alzamiento de Riego le forzó a instaurar y jurar el texto constitucional de 1812 (humillación que nunca olvidaría y que alimentó la cruel represión posterior, en la llamada “década ominosa”). La expresión fue un invento de los liberales con que, en forma de cancioncilla, zaherían y ridiculizaban a los absolutistas cantándoles:
Trágala, trágala,tú, servilón,tú que no quieresConstitución.
Estos respondían a su vez con otra coplilla:
Trágala o mueretú, liberal,tú que no quieresCorona real.
Y, claro, la bronca estaba asegurada. Como siempre.
