14/3/23

(y 2) Sobre lenguaje y sexismo


Lo mismo podríamos decir de 'el nacimiento'. Su nombre indica proceso, aunque se use de forma mucho más genérica, pues no existe equivalencia superior en femenino (‘natalidad’ se emplea en el sentido de “estadística de nacimientos”, y ‘Natividad’ “se aplica ese nombre solamente a los de Jesucristo, la Virgen y San Juan Bautista”). Pero hay otro término en femenino, que ya apenas se emplea, que debió de ser el utilizado en la antigüedad, porque, además, etimológicamente, es sin duda el antecedente del sustantivo que ha acabado ocupando enteramente su lugar: nación. Lo acabo de encontrar en el DUE: “De nación (pop.). De nacimiento”.

el nacimiento – la nación
En cuanto a el patinaje, el reglaje, el marcaje, el taquillaje y los masculinos terminados en -AJE (más de 250), que generalmente provienen del francés (garaje, espionaje, coraje, paisaje...), aún me parece más evidente su poca consistencia como conceptos abstractos, o al menos al nivel de sus correspondientes femeninos. Son términos en gran medida instrumentales que por lo general destilan temporalidad, instantaneidad incluso. Para el más abstracto que he visto, el oleaje, el DUE cita así los verbos que lo rigen: “(«Haber, Levantarse, Moverse») m. Movimiento de la superficie del agua con formación de olas.” Además, resulta que sí existe una correspondencia de mayor abstracción en femenino: la oleada: «1. Embate y golpe de la ola», aunque apenas se utiliza en relación con la mar. («2. Movimiento impetuoso de mucha gente apiñada.»)

Luego, los terminados en -ISMO, como el costumbrismo o el amiguismo, dice el diccionario que son “de adhesión a doctrina o partido”: el abolicionismo, el comunismo, el federalismo..., y otros de actitud: el fatalismo, el pesimismo, el pacifismo..., de adhesión a teorías y doctrinas. El DUE contabiliza 897. 

Los sufijos -ARIO -ARIA (el muestrario, el acuario, la beneficiaria) y -ERO -ERA (el alfiletero, el cenicero, el petrolero), dan nombres comunes, pues forman nombres directos de acción, como agentes, de utensilios y de profesión: el funcionario, el anticuario, el arrendatario, el santuario... la zapatera, el recadero, la carbonera, el candelero... , excesivamente pegados a la realidad cotidiana, y en muchos casos ya el mismo el hecho de que puedan ir en masculino o en femenino (embustero, a, hostelero, a) los baja del Olimpo de las categorías puras, pues los convierte en “actuantes”.

Tampoco vamos a detenernos mucho más en los sufijos -ADO (el papado, el rectorado...), y -AL (el instrumental, el lodazal, el matorral...) por razones evidentes. En cuanto a los terminados en -AJE, el paisaje...), a pesar de que casi todos son nombres de conjunto (el correaje, el andamiaje...), o de atributos (el almacenaje, el pontaje...), o de lugar (el pasaje, el alunizaje, el paisaje...), algunos pueden llevarnos a equívocos, pues sin ser arquetípicos sino procesales, se utilizan como genéricos del máximo nivel: el aprendizaje, el caudillaje, el vasallaje...

Los sustantivos terminados en -OR -ORA (ni más ni menos que 2.446) no tienen mayor problema: son la mayoría flexivos (con masculino y femenino), de nombres de actor o instrumento: el comprador, el tractor, la desgranadora...  Más complicadas me parecen aquellas pocas que no tienen la posibilidad de declinarse en femenino: el dolor, el valor, el candor, el color..., pero todas las que estudié pude comprobar que tienen su correspondiente grado superior en femenino: la dolencia, la valía, la candidez, la coloración... Algunas de ellas, incluso, poseen los dos géneros sin necesidad de añadir ninguna desinencia: la color, la calor (términos que quizá quieren directamente aportar, o que antiguamente aportaban mayor amplitud al concepto). 


Amar

Sin embargo, amar, ¿cómo es que no dispone de un concepto primordial en femenino? ¿El masculino el amor es el término de más alto nivel evolutivo y arquetípico? La amabilidad no sirve, porque se relaciona con ‘amable’ (susceptible de ser amado); las artes amatorias tampoco, pues son dos palabras, y hablan de otro concepto. Buscando las supuestas formas lógicas, regulares (la amancia, la amalía...), encontré ‘amación’: “f. En mística, pasión amorosa.” Y su definición concuerda tanto con mi hipótesis que ha sido relegada a la inalcanzable mística. 

Pero ‘amación’ parece estar aún muy ligada a la acción, aunque posea una cualidad mística. Entonces comprendí que, sencillamente, ‘el amor’ debía ser femenino en su origen, al igual que “la calor” o “la color”, pues comparten la fisonomía del sufijo y por lo tanto esas posibles transformaciones. Y “el dolor”, “el candor”, “el rubor” (“el arrebol”) ... que, tal y como comprobé en el Corpus Diacrónico del Español (CORDE) de la Real Academia Española, eran antiguamente femeninas:

“...deve repartir entre sus gentes segunt la valor de cada uno dellos.” (Antón de Zorita. “Árbol de batallas, de Honoré Bouvet”, 1440-1460)
“E el queso rretiene la sabor del tomjllo.” (Ferrer Sayol. “Libro de Palladio”, 1380-1385)
“...doliéndose de la dolor que en sý pasava.” (Alfonso Martínez de Toledo, “Arcipreste de Talavera (Corbacho)”, 1438)

Por cierto, parece que el idioma francés sí ha mantenido el género femenino en la mayoría de este tipo de términos: la valeur (el valor), la couleur (el color), la chaleur (el calor), la douleur (el dolor), la saveur (el sabor) ...

El problema es que como ‘amor’ empieza por a, aunque no sea una a tónica, al ser bisílaba se crea también una cacofonía con el artículo en femenino (“la amor”, “una amor”) y por eso resulta más cómodo conjugarla en masculino. De tal manera que habría que decir, en puridad, “el amor”, sí, pero también “las amores” o “la gran amor”.

El ladino o judeo-español es una maravilla porque mantiene vivo en la actualidad el castellano antiguo. Y compruebo que en ladino se dice “las amores”. 
“Esta idea me kuadró, porke me akodri ke en la gazeta France Soir, al tyempo, aviya un foyeton intitulado Les amours celebres (las amores famozas) i entre otras istoryas, pasaron muncho tyempo...” 
(http://www.esefarad.com/?p=9832). 
También he encontrado este incunable, con el título de: 
“Historia de las amors e vida del cavaller Paris e de Viana.” Impresor: Diego de Gumiel. Barcelona, 1497. Catalán antiguo. 
(http://www.vgesa.com/vgeinc20.html)
Para rematarlo, se me ocurrió buscar “la amor” en el CORDE citado, y (después de lamentar tanta —jugosa— pérdida de tiempo) me encontré con la demostración palmaria de que en castellano amor antes se decía y se escribía en femenino. Desde el siglo XIV, por lo menos, hasta el propio Quevedo. Y queda infinitamente mejor, con cacofonía y sin cacofonía.
“De la amor que deue seyer entre marido et muller.” 
Juan Fernández de Heredia, “Libro de actoridades (Rams de flors)”, 1376 – 1396
“...que ninguno jure por la amor de Dios.” 
Francisco de Quevedo y Villegas, “Vida de la corte y Capitulaciones matrimoniales”, 1611
Quedan muchas palabras por rastrear, por supuesto. Centenares. A este limitadísimo empeño por entender y explicar algo de la sabiduría que esconde el arcano del idioma, más que por entrar con bisturí e implantes a recomponer a nuestra satisfacción ese organismo vivo, solo le queda esperar que aparezcan expertos que crean interesante profundizar en él, tanto para rebatir como para defender esta hipótesis con los datos necesarios. 

Pero ¿es lógico que se lamenten y que protesten las y los correctores y correctoras políticos y políticas, por el papel que según este estudio posee lo femenino (ojo: no la mujer, equívoca y habitual identificación) en la conformación del lenguaje del idioma que compartimos? Ni más ni menos que el concepto puro, la esencia del lenguaje, la matriz de los estados, las categorías, los ámbitos y las sedes de todas y cada una de las circunstancias y de las emociones humanas. Lo inalcanzable, lo no cosificable, lo imposible de aprehender por nuestra mente, el origen semántico de todos los conceptos, el número irracional de infinitos decimales... LO TRINITARIO. Es como si actualmente la mujer rechazara la sabia naturaleza aparentemente pasiva de la femineidad (sic), absurdamente envidiosa de la prepotente, en gran parte infame y habitualmente ridícula actividad protagonística de lo masculino. No hay más que ver cómo va el mundo. A mí tal función me parece un honor inconmensurable, en sintonía con la grandeza y la trascendental esencialidad de lo femenino, tanto en la humanidad como en el universo. 

¿Habría de lamentarse y protestar el hombre suspicaz algún día porque hasta las palabras masculinidad, virilidad y hombría sean del género femenino? Absurdo.



[*] Un buen amigo filósofo me puso ante un reto casi definitivo. Me desafió a encontrar el concepto genérico de 'el Ser', ni más ni menos. Tuve suerte, pues la respuesta apareció enseguida en mi mente: 'la Esencia'.


13 comentarios:

  1. Las palabras más bonitas en español son femeninas: son las que expresan virtud, cualidades, emociones humanas... y todas ellas son tan universales y abstractas que explican por sí mismas un mismo estado genérico a alcanzar (privilegiado o no) en su máxima, tanto para las personas de sexo masculino como para las de sexo femenino. Siento que de ahí radica su belleza. Tienen tan sencillez y a la vez tanta complejidad dentro de esa misma sencillez que aplican el papel de universalidad para todos.
    Por eso, creo absurda la necesidad socorrida y convaleciente ahora distinguir marcadamente señalando los dos sexos sin exclusión, porque de otro modo la exclusión pudiera significar otra cosa que atente contra las personas.
    Porque nunca, a mi modo de ver ha habido una exclusión total al utilizar el masculino genérico y cuando lo oíamos, todos los que sabíamos innatamente la estrucatura interna de nuestra lengua sabíamos y entendíamos a lo que se refería al utilizar el masculino genérico, que implica en sí mismo los dos géneros; más allá de ponerse a pensar, mirar con lupa y trastocar porque sí -con una lógica influida por moralidad patriarcal feminista- nuestro rico y sabio lenguaje.

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  2. Es verdad: la palabra amor es masculina ¨el amor¨, y por ejemplo se me ocurre ¨el enamoramiento¨ como es terminado en -miento -y has dicho antes- está más cercano a la acción, al momento en el que se produce el hecho, entonces es masculino. Me pregunto si la variante femenina sería ¨la amación¨ como concepto genérico y lleno de abastracción, como es ¨el amor¨ ; y de forma similar al ejemplo de el (a)justiciamiento - la justicia, como has dicho antes. La justicia es aquí la variante femenina genérica ¿te suena que podría serlo ¨la amación¨?

    Me gusta mucho especialmente esta frase: <>

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  3. Esta es la frase (que no ha salido antes): Todo lenguaje es pobre, limitado, frío, porque pobre, reducido y falto de pasión es el pensamiento y la sensibilidad del ser humano.

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  4. No solamente me suena que podría ser 'la amación', sino que supuso para mí una gran alegría, llevado por la misma lógica que expones tú, encontrarla en el diccionario. Lo he contado más arriba, en esta misma entrada.

    Pero habría muchas otras palabras en las que indagar y descubrir, igualmente, el ascendiente más abstracto del masculino que se utiliza como máxima categoría sin seguramente serlo. Quizá en la antigüedad. Términos como "el miedo", "el rencor", "el pánico"... que sí, se intuye que son de emociones más pegadas a la acción, no tan genéricas, pero que funcionan como tales.
    Desde aquí te invito a sumergirte ese gran campo de investigación.

    Gracias por tus magníficos comentarios y por tu interés.

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  5. Anónimo1:58 p. m.

    En cuanto a la reflexión que haces acerca de la palabra amor y su posible término femenino hacia lo abstracto o puro, no termino de aceptar la amación como tal, ya que me sigue pareciendo estar aún muy ligado a la acción en su ejercicio. Por otro lado, ¿no creeis que es interesante plantear la posibilidad de que, efectivamente, amar no sea más(ni menos, por supuesto) que la acción , el instrumento que facilita el camino hacia un término que por sí mismo sí se expresa de un modo puro?: la fe. Yendo ahora al significado que ambos conceptos contienen y a lo que ello provoca en los seres humanos , tanto de modo spicológico como en lo sensitivo y emocional, creo que hay relación entre uno y otro. Quizá sea la Fe el término femenino y puro del amor. Y escribiendo ahora observo que fe es la raiz de femenino, y que lo femenino sin embargo es masculino.¡Cuántas cosas se me escapan, Miguel Angel!¿Tú sabes algo más sobre esto? Mundo apasionante la lengua...
    P.D: quizá La Amada , entendido como la ceremonia del amor, como su representación abstracta, sea también un bonito término.
    Muchas gracias por este viaje.

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    1. Tienes razón sobre que amación parece estar aún muy ligada a la acción, aunque sea dándole una cualidad mística. Dice Santo Tomás que "la amación añade al amor estrictamente dicho cierta intensidad del mismo o como cierto fervor".
      Es difícil rastrear en el lenguaje buscando el concepto que está o debería estar en la cúspide de la emoción pura. Pero también apasionante. La fe está estrechamente relacionada con la amación, sin duda, pero es otra idea, otra vía, otros sonidos consonantes (esa F pura --ningún otro concepto tiene sólo dos letras--), y en el campo lingüístico no se pueden hacer esas transposiciones. La fe es el camino, o el vehículo hacia el amor, y tiene sus propias características, su universo propio, y sus propios derivados: fidelidad, fidelizar, fehaciente...
      Pronto introduciré en otro blog ("La caverna sonora" - cavernasonora.blogspot.com) mis reflexiones sobre la F, y en especial sobre la palabra FE, que me parece que es o debería ser la capital de toda esa provincia.

      En cuanto a tu propuesta, 'la amada', me parece interesante, y bella. El problema es que friccionaría con otro concepto, el participio del verbo en femenino: el amado, la amada. Y eso complica mucho las cosas a la hora de llevarlo a o mantenerlo en el idioma, pues también estos términos son muy importantes y tienen su propia identidad, que no conviene confundir.

      Es difícil rebatir "el amor". Pero por otro lado no. Actualmente pienso que 'amor' sería sencillamente femenino en su origen, al igual que "la calor" o "la color" (que como sabes se decían así antiguamente), pues comparten esa fisonomía y por lo tanto esas posibles transformaciones. O "el dolor", "el candor", "el rubor"... que se intuye que pudieron ser antiguamente femeninas (habría que buscarlo). De hecho en portugués el dolor es "a dor", en femenino.
      El problema es que como 'amor' empieza por a se crea cacofonía con el artículo ("la amor", "una amor") y por eso se conjugaría en masculino, como "el águila" o "el agua", que son femeninas. Solo que en estos casos no se ha olvidado (todavía) que son femeninas, y en la palabra 'amor' SÍ SE HA OLVIDADO. De tal manera que habría que decir, en puridad, "el amor", sí, pero también "las amores" o "la gran amor".

      Gracias por el debate que has suscitado, tan inspirador.

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  6. El ladino es una maravilla porque mantiene vivo en la actualidad el castellano antiguo. Y acabo de ver que en sefardí se dice "las amores".
    "Esta idea me kuadro, porke me akodri ke en la gazeta France Soir, al tyempo, aviya un foyeton intitulado Les amours celebres (las amores famozas) i entre otras istoryas, pasaron muncho tyempo kon los amores del rey David..." (http://www.esefarad.com/?p=9832)

    También he encontrado este incunable con el título de: "Historia de las amors e vida del cavaller Paris e de Viana." Impresor: Diego de Gumiel. Barcelona, 1497. Catalán antiguo. (http://www.vgesa.com/vgeinc20.html)

    Luego, voy por buen camino.

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  7. Sí, en alguna ocasión escuché en una canción sefardí "las mis amores" y recuerdo que no es que me sorprendiera demasiado sino que me sonó hasta mejor. Seguramente como señalas, se nos haya olvidado su esencia femenina. Por otro lado, si el amor tiene que ver con la muerte, o mejor dicho , con su ausencia, por ahí también podamos encontrar otra pista o argumento: si la muerte es femenina también lo será la no muerte, la amor. Pero en mi caso, las reflexiones que aquí hago parten sólo de la intuición y no he desarrollado aún ninguna investigación un poco más seria;pero reconozco que disfruto con ello y no lo puedo remediar. De modo que seguiré tus publicaciones con ilusión.
    PD: aunque la Rae no llegue nunca a aceptar mi propuesta sobre La amada, creo que voy a intentar usarlo alguna vez, igual por contagio...
    un saludo afectuoso. Anónima Leocadia.

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    1. Gracias, Anónima Leocadia. No te preocupes por el modo en que investigas algo: la intuición está en la base de los descubrimientos. Y el disfrute es la mejor señal de que tu entrega es valiosa, porque muestra que te involucras personalmente, con todos los sentidos.
      Utiliza 'la amada' libremente. Al fin y al cabo así es como van tomando cuerpo en la sociedad los nuevos (o viejos) vocablos, a través del uso. Yo, por mi parte voy a emplear "las amores".

      Estos comentarios que hemos intercambiado me han animado a retocar el post, y he incluido en él las reflexiones de la palabra 'amor' que he compartido contigo. Así que gracias otra vez.

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  8. Paco Pepe1:08 p. m.

    Felicidades, Miguel Ángel, me ha parecido excelente este artículo (en sus dos entregas), cosas así de serias no es habitual encontralas por internet.

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    1. Gracias, Paco Pepe. Comentarios como el tuyo son los que animan a seguir investigando. ¡Salud!

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por Miguel Ángel Mendo

Reflexiones y ocurrencias sobre el idioma (español).